Dani estuvo pensando en aquella chica toda la noche, su belleza no le dejaba dormir, de vez en cuando soñaba despierto y se imaginaba saliendo con ella. Paseando por la ciudad, los parques, besándose bajo la lluvia... Una tierna historia de amor que para él estaba lejos...
- ¡Mierda! - maldijo él mientras estaba en cama imaginándose todo eso - ¡no sé el nombre!
El pobre no había caído en la cuenta de que ni siquiera le había dicho su nombre, aún así sus ilusiones seguían vivas.
Al día siguiente en el instituto estuvo en todas las clases dibujando la inigualable belleza de aquella joven, la mayoría de las veces los tachaba porque no encontraba la esencia que aquella chica desprendía, el punto exacto de aquella chica, de la luminosidad de sus ojos, no era fácil de captar y él se desesperaba en medio de la clase cuando se daba cuenta de que no era capaz, que estaba alejado de ella como la humanidad está alejada de conseguir la fórmula de la inmortalidad, así se sentía él, con esperanzas, pero nada más y eso que sólo llevaba un día sin verla, un día desde que la había conocido, desde su primer contacto. ¿ Hasta dónde puede llegar el amor? Dani a lo mejor nos desvelará esa incógnita, aunque depende de la persona, del día, de la locura... muchos factores, el amor, es algo complicado, su complicidad se podría igualar a la de la creación del universo, pero no hace falta ponernos filosóficos, estamos en una historia de amor.
Dani ya había salido de las clases y se dirigió a la casa de su mejor amigo, quería contarle lo que vió el día anterior, las sensaciones que había vivido, algo que para él parecía irrepetible.
George vivía por el centro, cerca de Dani; se habían conocido a los diez años en una fiesta de cumpleaños de una amiga. Al principio no habían conectado, pero salto el chispazo entre ellos cuando a los once años se volvieron a encontrar. Coincidieron en la misma clase y con las bromas que se gastaban delante de los compañeros pronto empezaron a quedar, le decían a sus madres que les dejaran salir juntos para jugar al fútbol, a correr, cualquier cosa. Con el tiempo cada uno empezó a caracterizarse y empezaron a marcar sus gustos, la mayoría eran diferentes pero nada les iba a separar.
El edificio era beige, estaba rodeado por un jardín un poco descuidado, parecía que no se podaban los árboles y, aunque en el césped la hierba era más alta en unas zonas que en otras tampoco estaba tan crecida. El edificio tenía unos cuantos años por lo que se veía. Disponía de una cancela por la que cualquiera podía acceder al edificio, sólo había que girar la manilla.
Dani llamó al telefonillo de su amigo George.
- ¿Si? - preguntó George.
- Soy Dani, abre que subo - contestó.
- Ok.
Se abrió la puerta y entró. George vivía en el primero por lo que Dani ya subió por las escaleras. Llamó a la puerta y su compañero abrió.
La casa estaba increíblemente ordenada, de tal forma que parecía que habían estudiado todas las posibilidades de colocar los objetos, muebles, cortinas, ¡todo! En el pasillo de la entrada había un mueble rústico en el que había cinco jarrones en fila: el del medio era el más pequeño, los otros dos que estaban a su lado eran los medianos y los dos restantes que estaban colocados en los extremos eran los más grandes.Había dos pequeños cuencos de cristal posicionados en los extremos de aquel mueble, los cuencos contenían pétalos de rosa que daban un aroma embriagador. Debían de cambiarlos a menudo ya que parecían recien estirpados de la flor.Todos los muebles del piso eran pequeños detalles de todo el pastel que era, con esos detalles se formaba algo exquisito. Los muebles creaban claridad en el ambiente y también hacia al piso más grande de lo que ya era.
Cuando fueron a la habitación de George se sentaron encima de la cama. La pared estaba llena de pósters, la ropa estaba doblada encima de un mueble, todo el mobiliario era más futurista, pero seguía guardando esa claridad que desprendía el resto del piso. Tenía una televisión de treinta y seis pulgadas colocada en la pared, a ella estaban conectadas tres consolas y había un mueble al lado con estanterías en las que se colocaban los juegos de dichas consolas, películas y algún que otro muñeco de colección.
- ¿Y a qué se debe tu visita? - preguntó George mientras encendía la TV.
- No me voy a hacer de rogar, ¿vale? - aclaró Dani - esto tengo que soltarlo.
- Entonces suéltalo.
- Ayer vi a una chica guapísima de la que me enamoré, aunque sin querer le hice un esguince.
- Que rara tu forma de ligar, ¿no? - preguntó George riéndose con sarcasmo, que a la vez buscaba en la TV la MTV HITS para escuchar un poco de música.
- Choqué con ella sin querer, fue algo involuntario - se excusó él.
- Vale, y ¿ sabes de dónde es?
- Si, la acompañé a su casa, ella casi no podía andar - explicó - vive enfrente del museo Nature.
- ¡Wow! La chica no vive mal - dijo pensando en alto - la próxima vez que te cites con ella o choques vete de traje.
- Ni si quiera sé como se llama - lamentó Dani.
- ¡Ah! Chica inteligente, no queda con sicópatas.
- Deja de hacer chistes con esto, no me hace gracia - dijo molesto mientras se reclinaba contra la almohada de la cama y miraba al techo pensativo.
- Vale, si te soy sincero, creo que deberías de olvidarla - le aconsejó mientras se acostaba a su lado.
- No, no puedo - negó rotundamente con la cabeza.
- ¡Venga ya! La tía como estaba buena y tú tienes las hormonas alteradas, pues normal que te suceda eso - explicó riéndose.
- Habla por ti - le contestó desviándole la mirada.
- Yo me controlo - dijo - ahora estoy detrás de una chica que me mola, pero no me quita el sueño por las noches ni me pongo palote cada vez que pienso en ella.
Dijo mientras le miró para el pantalón, exactamente a sus partes, lo cual Dani interpretó como que en ese momento estaba empalmado, miró rápidamente a sus partes para corroborar lo que había dicho su colega.
- No me hagas esas putadas - le dijo mientras George se reía.
- Era una broma, ¡tenías que haberte visto la cara!
Dani se levantó y se fue a sentar lejos de su amigo, encima de una silla que había enfrente de una mesa de estudio, apoyó los codos y se puso a pensar en ella, en que jamás podría tener una oportunidad, sólo le quedaba la esperanza, eso era lo que le sustentaba de pie, con ganas de ver el sol un día más. Quizás todo esto parezca exajerado, pero no lo es, el amor es así, nadie dijo que fuera fácil, no hay ninguna ley que diga que siempre se gana en el amor, porque es todo lo contrario, casi siempre se pierde, pero cuando se gana, se gana algo que jamás olvidarás y que recordarás como la época más bonita de una etapa. A veces te enamoras de varios en pocos años, pero habrá uno de esos amores que marcará la diferencia, ese es al que quisiste con más fuerza, pero siempre se puede superar, aunque parezca imposible.
George se acercó a su amigo, le puso una mano en el hombro y le intentó animar:
- Hey, si te importa tanto esa chica, te ayudaré, pero no te prometo nada.
- ¿ De verdad? - preguntó levantando la cabeza de la mesa.
- Si, tengo una idea.
- ¿Cuál?
- A ver, puedo averiguar a qué hora sale de casa un determinado día, pediré a un colega que mire a que actividades va por la tarde, entonces a la hora que ella salga para esa actividad tu te cruzas con ella, entablas una conversación y... le pides para quedar un día. Sería más fácil en una discoteca, pero no sabemos con quien anda, ni a cuales va, eso sería más difícil, además quedas como un chico elegante, de los que van de etiqueta a cenar a restaurantes y chorradas de esas - le explicó el plan a su amigo, que ya había cogido asiento al lado de él en la mesa de estudio -tienes que meterte en su mundo, esperemos que no sea alternativa y busque otro tipo de chico que no sea de los pelmas, eses pijillos.
- ¿ Crees que funcionará ? - preguntó retraído.
- !Claro! Es mi plan, yo nunca fallo.
Fin!!
Espero que les haya gustado, en ves de comentar voten a través de las estrellas lo que le ha parecido el cap.*_*
¡Hasta el próximo cáp.!
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